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    Primer mes de cuarentena en casa: cómo llevarlo lo mejor posible

    Cuando estoy escribiendo esto, llevamos aproximadamente cuatro semanas de cuarentena en Madrid. La vida nos ha dado un giro de 360 grados y hemos tenido que aprender a vivir de una manera totalmente distinta.

    Cuando escuché por primera vez que estábamos en estado de alarma, apenas le di importancia. Pensaba que sería algo pasajero y que llevaría poco tiempo. Pero pasaban los días y cada vez había más contagios, más personas que perdían la vida, más aún personas que sacrificaban la suya para ayudar a los demás… Y llegó el punto de «no sé cuándo va a terminar esto». Y seguimos ahí. Pero al menos, ya somos conscientes de que la situación que estamos viviendo es histórica y que va a cambiar nuestra manera de vivir y de mirar al mundo.

    Me parece increíble que todos los humanos (desde cualquier punto del mundo) podamos empatizar con cada uno de nosotros porque estamos en la misma situación…en casa. Y acaso, ¿no es un gusto estar en casa? Mi punto de mirar la cuarentena quiero que sea algo diferente y en lugar de pensar, «quiero salir de casa» (aunque obviamente tenga muchísimas ganas), quiero que sea… VOY A APROVECHAR ESTE MOMENTO.

    Nos encontramos encerrados con nosotros mismos al cien por cien, conviviendo con nuestro cuerpo y nuestra mente todo el rato y a veces, no resulta fácil, y es aquí cuando surge la oportunidad de aprender a recrearnos y buscar lo mejor de nosotros.

    Vida contemplativa

    Siempre he ido con prisas a todas partes. Mi rutina se basaba en desayunar corriendo, ir a trabajar, hacer algo de deporte, y VOLVER a casa esperando cenar y descansar un poco. Ahora todo eso desaparece y puedo aprender lo que es estar en casa sin vivir con prisas.

    Por primera vez, soy dueña de mi tiempo al cien por cien y puedo repartirlo casi como quiero. ¿Acaso he de desperdiciarlo? Sería un error por mi parte.

    Me despierto por la mañana y el momento de hacerme el té se ha convertido en un PLACER. He aprendido a hacer té verde matcha y me encanta tomármelo por las mañanas mientras escucho música. Este pequeño ritual antes en mi vida era impensable.

    Hacerme comidas ricas se ha convertido en otro gusto. Ya diseñaba los menús semanales, pero siempre pensando en que los tenía que meter en un tapper y recalentarlo al día siguiente. Ahora dispongo de tiempo para comer lo que quiera y puedo tomarme todo recién hecho.

    Y sobre todo, me encanta la idea de despertarme por la mañana y saber que puedo dedicarme a lo que me apetezca. Puedo permitirme el lujo de escuchar el disco entero de Andrés Suárez prestando atención a las letras e incluso apuntando ideas que se me ocurran. Antes era algo para lo que nunca encontraba el momento.

    En definitiva, me encanta poder hacer cosas que me permitan tener mayor consciencia de lo que soy y de lo que me hace feliz. Aunque no veamos nada u oigamos nada diferente, mis sentidos están más a flor de piel que nunca.

    Cuidar de mi cuerpo

    Hacer ejercicio es lo que me está ayudando a ordenar mi cabeza cada día. Antes de todo esto, hacía como mucho, tres días ejercicio a la semana. Ahora, a pesar de no andar nada, trato de hacer ejercicio casi todos los días.

    He descubierto que no necesito la excusa de apuntarme a un gimnasio para ejercitar mi cuerpo. He aprendido a tener agujetas sin tener que correr y estoy aprendiendo también sobre los límites que tiene mi cuerpo.

    Estirar se está convirtiendo en un hobbie maravilloso que me hace sentirme más activa y me recuerda a cuando hacía gimnasia rítmica de pequeña. Doy gracias a todos los vídeos que hay en YouTube que me están enseñando tanto.

    La distancia con los que más queremos

    Sin duda, este es el punto más raro y duro de todos. Estamos todos tan cerca y a la vez tan lejos… Nos vemos en tiempo real a través de una pantalla, nos contamos cómo lo llevamos, qué hacemos, nos damos ideas entre todos para poder llevarlo lo mejor posible. Y es que es duro estar solo siendo joven, pero es más duro lo que están viviendo otras personas en los hospitales.

    Personalmente, se me hace raro no ver a mi novio, a mi madre, a mi hermana, a mis perros, a mis amigas… A días, siento mucha impotencia de no poder hacer nada. Pensar que este año todo nuestros cumples serán raros. Que probablemente, ya no me volverán a ver con 26 años. Que Facetime y Whatsapp es lo que nos une.

    Sin embargo, creamos distintos rituales. Ya no concibo hacer una llamada sin un vídeo, no hay día que no hable con la gente que quiero… Cada día que pasa, tengo más ganas de verlos y creo que cuando nos veamos va a ser increíble.

    Y ese día va a llegar. Porque otra cosa no, pero celebrar, vamos a celebrar.

    Tiempo de creatividad

    En este mes de encierro, mi creatividad se está disparando. Vuelven a nacer dentro de mí ganas de hacer cosas que hacía de pequeña y con las que se me pasaba el tiempo volando.

    Volver a pintar, a dibujar con todos mis rotuladores… Bailar con la música a tope canciones de ahora, de los 2000 y de los 90. Cantar canciones de toda la vida. Recolocar la casa, ordenar esos cajones, tirar ropa en plan Marie Kondo. Pensar en lo esencial. Ver películas de Disney (gracias Disney+). Ver la Casa de Papel. Ver películas que siempre quise ver. Volver a hacer recortables. Aprender a limpiar cristales. Darme mascarillas en el pelo. Escribir en el suelo. Ordenar cuadernos. Hacer portadas de discos. Pensar en cómo serán mis próximas vacaciones. Imaginarme cómo será Japón y lo increíble que será cuando vayamos. Recordar viajes antiguos. Escribir sobre ellos. Ver obras de arte. Querer imitarlas.

    En definitiva, saber abrazarnos ahora solos, para poder abrazar más fuerte cuando estemos acompañados.

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