La delgada línea entre querer venderse o sin querer prostituirse

Mucha gente piensa que el mundo se ha vuelto loco. Que nada es lo que era y que cualquier tiempo pasado fue mejor. Que no miramos tanto lo que hay sino cómo está representado. Que ya no hay relaciones cara a cara. Que la humanidad desaparece. ¿Hay que ser tan radical? Yo tengo muchos dilemas con todas estas cosas, pero hoy quiero reflexionar sobre la delgada línea entre querer venderse o sin querer prostituirse. 

Igual suena un poco fuerte esa palabra en este blog. Pero es que lo pienso así. Hace muy poco a través de una fuente que no voy a decir, una persona que tampoco puedo mencionar, “suplicaba” o mejor dicho “daba todo” por trabajar con una marca. Era una chica de apenas 18 años que quería a toda costa poder colaborar con una empresa.

En realidad, ella estaba intentando venderse, como puedes hacer tú cuando haces una entrevista de trabajo. Pero en mi opinión tiene que haber límites, principalmente marcados por los valores en los que creas. Es verdad que la situación es difícil y cada vez cuesta más diferenciarse, pero ¿hasta dónde somos capaces de llegar? ¿De verdad colaborar con una marca puede llegar a llenar tanto?

Pensando sobre esto, comparaba esta situación con un comercial típico de toda la vida. El comercial da todo por conseguir el cliente: llama, acude, miente, regala, pelotea… Pero, ¿cuál es su fin? Vender UN PRODUCTO. Vender el producto que le hará comer ese mes. Vender un producto -casi seguro- inanimado y que tenga una función más o menos útil para quien lo vaya a comprar.

Esa chica (o esos chicos también) que intentan venderse, están poniendo en valor SU vida, SU cuerpo, SU pensamiento, SUS sentimientos. Algo que en teoría nada ni nadie debería arrebatártelo. ¿Merece la pena? A mí lo que me pasa es que me da mucha pena.

Ojalá pusiésemos tanto ímpetu en descubrir lo realmente importante, en ser críticos con las cosas y en construir una autoestima tan necesaria en estos tiempos de redes sociales.

Esto no es una crítica ni un guiño a los influencers, ya que, como comenté en este post, soy muy fan de algunos. Yo no juzgo lo que haga cada uno o cómo se expone a la sociedad. Sólo creo que si estamos hablando de que estas cosas son “profesionales” han de regirse por una ética y unos valores, y si estos no se han establecido de manera oficial, qué menos que poner los valores que nos caracterizan como personas.

En definitiva, todo lo que somos el mundo ON se refleja en el OFF y deberíamos cuidarlo más de lo que lo hacemos.

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