Café de domingo: qué hacer si se te rompe la pantalla del iPhone

A partir de aquí, declaro los domingos como día de descanso real. Nada de dejar las cosas para el último minuto, responder emails o estudiar larguísimas horas sin ver la luz del sol. Los domingos son para dormir con la persiana bajada y abrirla cuando hayas recargado todas las pilas. Son para desayunar: café, zumo natural, tostadas y lo que surja.

Ver pelis de reír o de llorar, regar las plantas, ordenar los zapatos, leer tu libro favorito, tomar cervezas en La Latina….

Además yo inauguro este domingo, como día de reflexión. Me apetece escribir sobre aspectos concretos que vea o me pasen. Para quejarme, preguntarme o simplemente desahogarme.

Hoy quiero escribir sobre un tema que no es muy profundo, pero sí puede ser muy práctico.

El viernes, estaba abriendo la puerta de mi casa, rápido y con ochenta mil cosas en la mano. Cual fue mi mala suerte al ver que poco a poco caía mi iPhone, se daba con el escalón y rebotaba en el suelo. Obviamente boca abajo. No lo pensé y le di la vuelta de inmediato. Por primera vez en mi vida: pantalla como si me hubiese atacado un tigre de bengala.

Me han robado más de tres veces el móvil, pero jamás se me había roto la preciosa pantalla. Y me negaba a llevarla hecha un desastre (además que no me planteo comprarme uno nuevo a corto plazo).

Antes de entrar en pánico, decido actuar y buscar la mejor opción que me solucione el problema. He de decir que descarté de inmediato la alternativa “que me lo arregle un chino”. He oído muchas historias turbias y sin ir más lejos, mi hermana se quedó sin un iPhone nuevo por llevarlo a un sitio de esos. Encima pagando también un dineral.

Mis alternativas:

Primera alternativa

Llamé a K-Tuin, porque está relativamente cerca de mi casa y pensé que al ser distribuidor oficial de Apple la calidad sería igual. De primeras, ya me tocó esperar cinco minutos con la musiquita, cosa que me toca mucho la moral, ¿poner ese maldito contestador en una tienda física? Empezábamos mal. Finalmente lo coge una chica y me dice que el precio son 159 euros y que tardan ENTRE 5 Y 10 DÍAS LABORABLES. Hasta luego. No pienso esperar dos semanas por una raya en la pantalla. Aunque realmente de primeras no la descarté del todo.

Segunda alternativa

Llamé a Orange, mi marca de referencia por antonomasia (véase la ironía). Ya que tengo financiado el teléfono con ellos, pensé que igual me podían ayudar. Sí, fui mi inocente.

Después de hablar con esa máquina a la que absolutamente todos odiamos, consigo hablar con una persona –aparentemente- humana. La pobre chica (digo pobre, porque de verdad que me parece un trabajo muy jodido) me dice que arreglar con ellos la pantalla me cuesta la baja cantidad de… 300 euros. No es broma. Dicen que trabajan con los proveedores de Apple y cuesta eso. Obviamente yo ya estaba con la mente en la chica de K-Tuin que aunque me sajara, no me estaba arrancando el riñón. Claramente le digo que muchas gracias, pero que no voy a usar sus servicios, mientras me juro mentalmente irme de allí cuando acabe la permanencia. Además, me hace gracia porque muy amablemente me añade que me puede pasar con un comercial para hacerme una oferta para un terminal. Eso ya me pareció buenísimo. O sea, os debo nueve cuotas y os creéis que os voy a dar más dinero. NI DE COÑA.

Tercera alternativa:

Busco en google cómo hablar con una persona humana de Apple. Me sale enseguida (buen SEO) y me piden unos datos y me dice que me llamarán en menos de dos minutos. Al instante me llama un número irlandés y me habla Jenn, la que puso fin a mi crisis pantalla rota de iPhone. Jenn es mexicana y me atendió de lujo.

Me dijo que el coste sería de 161 euros y que me garantizaba unos meses por si después pasaba algo. Además me añade que tardan dos horas en arreglarlo. BINGO. GRACIAS. Me reserva la cita para ese mismo día a las 20.25 en Xanadú (un poco lejos, pero para ese día estaba todo ocupado). Me pasa por email la cita, me dice todo lo que tengo que llevar y me pregunta que si tengo dudas. GRACIAS JENN.

Llegó a Xanadú a las 20:15 y a las 20:20 ya me están atendiendo. Me saludan, me preguntan qué tal estoy y le cuento lo que me ha pasado. Conecta mi móvil a una máquina, me dice que, efectivamente, estaba rota la pantalla y que tiene un coste de 149 euros. Yo no sé si Jenn me lo dijo en dólares o se equivocó. Si es aposta, desde luego la estrategia emocional la dominan, porque para mí pasar de 161 a 149 es un alivio. Pero no contentos con eso, el simpatiquísimo “genius” de Apple me dice que hable con el seguro de mi casa porque NORMALMENTE CUBREN LAS PANTALLAS DE CRISTAL. Gracias chico Genius.

Al rato tenía el móvil a la perfección.

Mi conclusión:

 Sí, es cierto, los productos Apple valen un pastón y a lo mejor no tienen la ultimísima tecnología japonesa del mercado. Pero sinceramente, me da igual. No me planteo comprarme otro móvil porque la experiencia que tuve en esa conversación con Jenn, en esa tienda con el chico genius y en los momentos en los que utilizo mi móvil no los cambiaba por otro. También pago un pastón a Orange cada mes por los gigas de internet y no me cuidan. No contestan a los tweets, no te solucionan los problemas, pero eso sí, para venderte la fibra óptica tienen un millón de comerciales.

No quiero cebarme con Orange (ya lo haré), simplemente presumir un poco. A ver si haciendo mucho la pelota me regalan el iPhone 8.

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