Breves historias de 2017

Adiós 2017. No sé despedirme de ti. Este año “no se me ha pasado volando” porque he saboreado todos y cada uno de los momentos que he vivido. Todo a su tiempo, cada cosa a su fecha. Y ha estado bien. Muy muy bien. ¿Por qué? Porque han sido meses de cambios, cosas nuevas, viajes y reflexiones. Como ya no se llevan los álbumes de fotos, dejo esta breves historias de 2017.

ENERO

El 1 de enero de 2017 a las 9 de la mañana amanecía una chica en un hotel de Marrakech. No era la Mamunia, pero no importaba. Era la primera vez que le iba a cundir el 1 de enero y estaba entusiasmada. Ver camellos, comprar babuchas y comer comida especiada hacía empezar el año de una manera muy diferente. Parecía que el año prometía.

FEBRERO

“La eduación no tiene límites, nunca dejes de formarte”, retumbaba en la cabeza de aquella -casi- mujer a diario. El interés y la curiosidad removieron algo más que un impulso y comenzó a hipotecar sus fines de semana para hacer un master de Marketing Digital. Se acababa salir, las cenas de los viernes y poder dormir los sábado. ¿Merecería la pena?

MARZO

Las buenas costumbres y hábitos se iban apoderando poco a poco de ella. Bailar zumba, ir al gimnasio, leer dos libros al mes, organizar la vida mediante el Bullet Journal, limpiar lo que no sirve a través de Marie Kondo y convertirse en una friki de Pinterest, fueron las delicadas tareas de ese mes. A veces no hace falta irse a la India para encontrarse con uno mismo.

ABRIL

Todas quieren ser princesas. Y ella no iba a ser menos. Por unos días se sintió Yasmine paseando con una alfombra mágica por el desierto de Dubai. Una ciudad construida para generar dinero, donde las mujeres se cubren la cara para tapar su intimidad. Pero merecía la pena vivirlo. Y ella lo disfrutó al máximo.

MAYO

Los 24 llamaban a su puerta sin avisar. Todo pasaba demasiado rápido. ¿Seguía siendo una niña? ¿O ya tenía que comportarse como una adulta más? En sueños confesaba que jamás lo haría y a sus perros les encantaba esa teoría. Poder cenar en su restaurante favorito le hizo ver que el “ico ico” de toda la vida nunca desaparecería.

JUNIO

Vacaciones en Roma. Bueno, muy cortas. Pero muy buenas. Pasear por esas calles cual Audrey le hizo recordar que hay que fiarse de la compañía si ésta tiene algo bonito que contar. Y comer muchos helados después de un plato de pasta de la mismísima Italia.

JULIO

Ella sentía que el híbrido entre el trabajo y las vacaciones se reunía en julio. Ni se trabajaba, ni se descansaba demasiado. Coger un coche para pasar 4 días con sus amigas era la mejor medicina contra cualquier mal. Bailar en Mojacar, comerse una paella en un barco de Altea o simplemente, comprarse bikinis para las piscinas del acalorado Madrid, era suficiente.

AGOSTO

No podía quejarse. El sur de España le acogió con los brazos abiertos. Zoko, paseos, labradores, bailes, música en directo, piel morena, lectura, coche con las ventanillas bajadas, pintalabios nuevo, canciones pegadizas, arroz en su punto… Se enamoró. Pero no quedó ahí la cosa. Europa temblaba de emoción por verla. La bellisima Italia atacaba de nuevo, con sus góndolas venezianas, el amor de Julieta y sus lagos di Como. La libertad se apoderaba de su razón. Cruzar los alpes austríacos como si fuera la hermana mayor de Sonrisas y Lágrimas es algo que nunca olvidará. Conocer el horror nazi y ver la Alemania más profunda… cosas que le hacían pensar.

SEPTIEMBRE

Empezó la vuelta al cole, con más sombras que luces y con ganas de superarse a sí misma. Estancarse nunca es bueno y ella lo sabía. La lucha era constante y juró que nunca se rendiría. Había que seguir intentándolo. Los findes eran sesiones de equipo con aquellos compañeros. Y al final, hicieron piña. Camina. Curiosité.

OCTUBRE

Como en Mary Poppins, el viento cambió…y comenzó una nueva aventura. No sin antes volar a París y esperar de nuevo al coche de Midnight in Paris para ver si por fin la recogía. No ocurrió. Pero ocurrieron hazañas más mágicas. Como caminar 30km sola por absolutamente todo París y no cansarse nada. Supo cargar las pilas para mucho tiempo.

NOVIEMBRE

Se anunciaban cambios para el 2018 y tocaba asumirlos. Menos mal que apareció Amaia de España como antídoto para cualquier bajón. Adaptarse a las cosas nuevas siempre requiere un esfuerzo y tocaba implicarse en todos los sentidos. Aún así, supo ser Altanera, preciosa y orgullosa.

DICIEMBRE

Consideraba diciembre como mes de pulir lo que falta, para descubrir qué quiere, qué le falta, por qué a veces está triste y por qué sonríe como una tonta en otras ocasiones. Amar y agradecer a la gente que ha estado ahí y le ha demostrado es una de sus prioridades. Conservar a esas personas, uno de sus objetivos para 2018. Porque probablemente se olvide de lo que tú mismo le dijiste, o de lo que hiciste, pero cuentan que jamás olvidará la manera en la que le hiciste sentir.

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