Algunos pueblecitos de la costa catalana

Retomo el blog, retomo los viajes. Podría decirse que este año estoy moviéndome más que nunca. Es una suerte poder conocer sitios especiales, diferentes y que siempre te enseñen algo. Hace poco hice un pequeño tour por la Costa Brava. Todavía no hacía muy buen tiempo, pero el suficiente como para sentarse al borde del mar. Aquí una recopilación de algunos pueblecitos de la costa catalana.

El coche es el mejor aliado. 1, 2, 3 suena tu canción favorita. Una canción en inglés, tranquila mientras subes el volumen. Y miras el sol. Hoy está radiante. Sólo queda sonreír. El coche se dirige hacia la primera parada: Tossa de Mar.

Tossa de Mar es un pequeño pueblecito escondido bajo carreteras llenas de peajes. Pero merece la pena pagarlo y llegar más rápido. Es un pueblo costero donde seguramente hace años vivían montones de pescadores sin casas alrededor. Ahora está mucho más urbanizado, pero sigue conservando el encanto de un ex-pueblo medieval. Tiene un castillo precioso y todo el pueblo está rodeado de flores. Merece la pena subir por la muralla y descubrir sus restaurantes.

Tossa de mar

Tossa de Mar

Tossa de mar

Si seguimos subiendo, nos encontramos el pueblo más famoso y popular de la costa catalana: Cadaqués. La verdad es que tiene mucho encanto y se respira inspiración artística (¿será por Dalí?). Todo blanco y azul, lleno de tiendecitas en las que me compraría todo porque es artesano y diferente. También hay muchísimos restaurantes donde poder tomar un buen pescado o un arroz. Eso sí, prepara las zapatillas si quieres caminar porque todo son cuestas y es un poco laberíntico. La iglesia que hay arriba del todo impacta. Pero sus calles más. Ojalá volver pronto y poder bañarme en sus playas. O ir en barco. Soñar es gratis.

Cadaqués

 

Cadaqués

Reconozco que me encantan los pueblos que parecen antiguos. Los que no se han renovado, donde parece que te trasladas 300 años atrás y apenas hay cobertura. Donde la comida es toda casera y no existen las grandes cadenas de nada. Donde miras alrededor y sólo ves naturaleza. Donde huele a mar. Si quieres ver un sitio auténtico, por favor, acude a Pals. Yo desconocía su existencia y me enamoró. Me recordó a la Toscana Italiana donde todo es de piedra y las flores nacen de las propias casas. Lleno de color, y por tanto, mucha alegría. No tiene un edificio impresionante. No tiene el mar a simple vista. Pero tiene mucho encanto. Y eso vale oro. Además se come de vicio. Probablemente uno de los mejores arroces que he tomado nunca.

Pals

Pals

Pals

Y para terminar, toca mirar el mar. Creo que en los días nublados el mar nos hipnotiza mucho más. Cuando hace sol, nos ciega y solamente queremos estar dentro del agua sin contemplar la belleza y el sonido que nos trae. Pero los días con nubes que no hay casi nadie, valoro la presencia de la naturaleza e incluso me asusto de la inmensidad y poder del agua. Si quieres relajarte, tómate un café en las playas de Begur. La entrada a la playa está llena de curvas rodeada de casas estilo Mallorca o Menorca. Un lugar para perderse en uno mismo.

Begur

Begur

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